El terremoto que nos está rajando
tecnologia

El terremoto que nos está rajando

Los diarios de papel llevan años en modo supervivencia extrema. Ya no les alcanza con lo de antes, es decir, con publicar anuncios y vender suscripciones, o editar otros sucedáneos como revistas, boletines o suplementos comerciales. Ahora tienen que reinventarse como pueden, y esa evolución pudiera parecer, a los ojos de lectores o clientes, que se olvidaron de que su misión es el periodismo. Han incursionado ahora en de todo un poco: organizan eventos deportivos, conciertos, ferias, foros… hasta venden productos y servicios. Lo que sea con tal de que el dinero entre. Y para promocionar todo ese tinglado, usan sus propias plataformas digitales, claro, porque es ahí donde está la gente. Pero mucho cuidado. El camino digital tampoco es un jardín de rosas. La publicidad en internet también está en jaque, y ahora con la Inteligencia Artificial absorbiendo la atención de la gente, muchos ni siquiera entran a un diario —ni impreso ni digital— para informarse. La audiencia se dispersa, los clicks caen y los ingresos se resienten. Por eso vemos despidos masivos hasta en medios gigantes como The Washington Post. La transición del papel a lo digital no garantiza nada; muchos cruzan la puerta digital y… no levantan cabeza. La podadora no perdona ni en internet. Redacciones digitales también recortan plantillas para reemplazar puestos con bots de IA. Ya hay medios digitales casi totalmente hechos por inteligencia artificial: noticias al segundo, videos, contenido en varios idiomas, suscripciones pagadas, nichos personalizados… y sin redactores humanos. Esto no es un cambio, es un terremoto que está rajando los modelos de negocio tradicionales y, de paso, sacudiendo al periodismo mismo. Pero en medio del vendaval, hay algo que resurge: los periódicos más emblemáticos están volviendo a lo que siempre hicieron mejor —cuando había tiempo y recursos—: investigaciones profundas, crónicas con alma, análisis bien picados. Contenido con huella humana, hecho con cabeza y corazón, no con algoritmos. Es como si, en la carrera por sobrevivir, hubieran recordado que su verdadero valor no está en vender entradas para un concierto, sino en contar historias que una máquina nunca podrá contar igual.

← Volver a noticias