Ética de la praxis educativa docente, de Pablo Mella
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Ética de la praxis educativa docente, de Pablo Mella

El sacerdote jesuita Pablo Mella (Santo Domingo, 1963) merece un asiento en algunas de las academias vinculadas a la ciencia o las letras en República Dominicana. ¿Él querrá pertenecer? Lo considero uno de los referentes en el mundo de la filosofía en América Latina. Acaba de publicar una obra de primer nivel bajo el rótulo de Ética de la praxis educativa docente (2025). Si él lee este artículo no me dejará mentir: al culminar la última página de mi lectura le escribí y le dije que los contenidos de su libro serían parte de los programas que imparto en dos universidades del país. La educadora Cheila Valera Acosta dijo de la obra: «Este libro es un llamado a despertar, a reconocer la singularidad de cada persona, a construir relaciones más justas y pacíficas, y a situar la ética en el corazón mismo de la educación. Más que ofrecer respuestas fáciles, nos invita a hacernos las preguntas que de¬n sentido al educar hoy». Para los lectores y tertulianos de Pablo esta era su obra más esperada. Su contenido no decepcionó. A la pregunta del pensador mexicano Augusto Salazar Bondy sobre si «¿existe una filosofía de nuestra América?», Pablo Mella levanta la mano y dice presente para propiciar un diálogo desde nuestra insularidad con lo más avanzado del pensamiento mundial. Si con su libro Los espejos de Duarte, Premio Nacional de Ensayo Político en el 2013, el también profesor del Instituto Bonó demostró su categoría investigativa, con Ética de la praxis educativa docente acaba de lanzar su candidatura para otro de los premios vinculados a la investigación o el pensamiento en el país. Dussel dijo que «la radicalidad del presente solo se les revela a aquellos que tienen la humildad y la paciencia de peregrinar hasta las fuentes». Me atrevería a decir que Ética de la praxis educativa docente es una obra con la capacidad de traspasar el tiempo e instalarse como clásico de la filosofía dominicana. Ojalá las universidades se animaran a invitar al autor para que la presente y propiciar un diálogo tan necesario en estos compases liminales que atraviesa la humanidad. En la era del morbo es difícil hacer popular un texto profundo que nos invite a reflexionar. Muchas veces pensamos que la culpa es de las redes y su estridente algoritmo, pero los autores y lectores tenemos una responsabilidad con el público. La crítica complementa la obra. ¡Qué bueno sería si convirtiéramos este libro en un bestseller (o superventas) con miles de presentaciones por toda R. D.! Luego la realidad me pincha la burbuja de imaginación donde envuelvo este artículo y me dice que le estoy pidiendo mucho a mis lectores del Listín. ¡Demuéstrenme que estoy equivocado! 

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