Cuando pensar se vuelve un acto de rebeldía
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Cuando pensar se vuelve un acto de rebeldía

A mis manos llegó un artículo de un amigo con quien agradezco reencontrarme después de tantos años. Volvimos a coincidir en largas horas de análisis, planteamientos y opiniones, muchas veces encontradas, pero siempre con la única finalidad de mirar más allá, cuestionar y buscar aquello que nos ayude a vivir con sentido. Ese artículo, Tribu, del señor Macario Schettino, nos recuerda que somos seres profundamente sociales y que, con tal de pertenecer, somos capaces de ceder incluso aquello que nunca debería ser negociable: el pensamiento propio. Él refiere lo siguiente: "La aparición de las redes sociales y los teléfonos inteligentes ha alterado nuestra percepción, porque ha cambiado nuestro entorno." "Nos hemos defendido asociándonos a una tribu y seguimos las indicaciones de sus líderes." "Esos líderes son especialistas en engañarnos. Son capaces de mentir sin escrúpulos algunos. Y saben que mientras más mienten, más fácil será creerles la siguiente mentira. Como lo dijo alguien que fue ideólogo de Trump hace tiempo, hay que inundar de basura todo, para que ya nadie pueda saber que es cierto y que no lo es" En esta nueva era digital, donde la información viaja de un lado del mundo al otro en cuestión de segundos, se vuelve cada vez más difícil acceder a la verdad. Vivimos en una sociedad distraída, entretenida por un lado, mientras por el otro unos pocos concentran poder y beneficios a costa de una mayoría que sobrevive en una realidad distorsionada. El liderazgo tóxico no busca ciudadanos críticos, sino seguidores obedientes. Tal como señala el autor, con tal de pertenecer a una tribu, " que sea la tribu la que nos guíe" Los seres humanos con tal de no ser señalados como “raros” o “diferentes”, tememos llegar a eso tan estigmatizado, la soledad. Sin embargo, es precisamente la soledad, no el aislamiento impuesto, sino la soledad elegida, el espacio donde se gesta el pensamiento crítico. Es en ese silencio donde aprendemos a cuestionar, a elegir conscientemente lo que leemos, lo que creemos y lo que defendemos. No debería ser negociable renunciar al pensamiento crítico por pertenecer. Cuando un ser humano negocia su capacidad de pensar por sí mismo, deja de decidir y comienza a obedecer. Lamentablemente, se nos ha enseñado a temer ese espacio interior, porque una mente que piensa por sí misma es peligrosa para cualquier sistema basado en la manipulación. Pero cuando aprendemos a habitar la soledad, descubrimos que no es vacío, sino libertad. Nada de lo que estamos viviendo es casualidad, con los que están liderando el mundo. Tampoco es únicamente responsabilidad individual. Es más fácil pertenecer, incluso a una élite enferma, que enfrentarse al peso de pensar de forma autónoma, es de esa forma que se pueden justificar las barbaridades en nombre de un “pacto de silencio” que protege a las tribus y a sus líderes, aunque el costo sea nuestra dignidad. Resulta lamentable en lo que podemos convertirnos si no nos detenemos a cuestionar, a buscar información, a reflexionar sobre la verdad que se oculta detrás de lo que se nos vende como incuestionable. No cuesta nada dudar, preguntarnos, ejercer la humildad intelectual y reconocer que no todo lo que se nos presenta o sabemos como verdad lo es. Está claro que muchas de estas dinámicas están organizadas para manejarnos como piezas de ajedrez, bajo reglas diseñadas para el beneficio de grupos corrompidos desde su origen. ¿Qué podemos esperar de líderes que temen al pensamiento crítico? ¿Qué podemos hacer quienes estamos abajo? Tal vez la respuesta no sea confrontar constantemente, sino tomar distancia, practicar la autocrítica y proteger nuestra mente de la información manipulada. Cuidar nuestra salud mental y física implica, hoy más que nunca, aprender a estar solos para poder pensar libres. Porque pensar más allá del horizonte inmediato no es solo un privilegio, es un acto de rebeldía necesario.

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