El buen vino
Jesús efectuó su primer milagro en las bodas de Caná de Galilea. En aquella fiesta el Maestro transformó seis tinajas llenas de agua en vino superior al que acababan de beber. “Cuando el encargado del banquete probó el agua hecha vino -escribe el apóstol Juan-, sin saber de dónde era, llamó al esposo y le dijo: ’Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando han bebido mucho, el inferior; sin embargo, tú has reservado el buen vino hasta ahora”. Las bodas de Caná son una alegoría de la revolución evangélica. El agua que se convierte en vino es una figura de la época nueva que empieza con el evangelio. Cuando el vino de la ley de Moisés se hubo agotado, Jesús trajo el mejor vino de la gracia. Ha llegado la buena nueva: el reino está cerca, la salvación está próxima. El propósito de este milagro fue el de impulsar la fe en Jesús como el hijo de Dios. No era solo demostrar su poder divino, sino dar señales de que sus obras son todas para bien. En efecto, Él quiere convertir el agua de tu tristeza en vino de alegría. Pruébalo, creyendo en Él. Degustarás el mejor vino. San Juan termina la narración así: “Este principio de sus milagros obró Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y creyeron en él los discípulos” (Juan 2:11).