Olla de presión
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Olla de presión

En los últimos días me ha costado sentarme a escribir esta columna. Cada vez que intentaba elegir un tema, abría los periódicos y terminaba atrapada en una cadena de titulares que dejan a cualquiera con el pecho apretado. Titular tras titular: Un feminicidio, una riña familiar que acabó en muerte, un hijo agrediendo a su padre, vecinos enfrentados por cualquier cosa. Todo eso nos golpea primero como persona, con miedo y con tristeza, preguntándonos en qué momento la violencia se volvió parte de nuestra rutina. Al revisar los medios cada mañana , la escena se repite casi a diario. La violencia aparece en los barrios, en las calles y también dentro de las casas. Cualquier situación termina convertida en crónica policial, espacios que deberían ser de paz se llenan de gritos, amenazas y golpes, y esa tensión se siente en el ambiente, como si todo el mundo anduviera con los guantes puestos. . Se percibe una sociedad cansada, cargando demasiadas preocupaciones al mismo tiempo. Problemas económicos, discusiones acumuladas, frustraciones que nadie termina de hablar. Se menciona mucho la salud mental, se repite la frase en redes y en discursos políticos, pero a la hora de actuar todavía estamos en pañales. Falta orientación, apoyo psicológico accesible y herramientas reales para aprender a manejar la ira y el dolor. Mientras tanto, cada quien resuelve como puede, y muchas veces resuelve mal. También preocupa la rapidez con la que la gente se acostumbra. Se lee la noticia, se comenta un rato y se sigue. Sin embargo, detrás de cada titular hay muchísimo dolor y el dolor ajeno dura poco, hasta que toca nuestra puerta. Tal vez por eso la sensación es tan inquietante con una sociedad que marcha de esta forma. ¿Habrá punto de retorno ante esta realidad?, ¿Seguirán mirando las autoridades hacia otro lado hasta que el dolor los toque demasiado cerca?

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