La vida por una cadena
La vida por una cadena.- Hace tiempo que no leía que alguien en este país es asesinado para quitarle una cadena de oro, pero no porque ese delito haya pasado de moda ni porque hoy las calles son mas seguras sino porque la gente dejó de usarlas y exhibirse con ellas, sobre todo los llamados “dominican-york”, porque convertía a sus portadores en blanco fácil de los asaltantes, que con frecuencia terminaban asesinándolos al estos tratar de impedir que los despojaran de algo que consideraban muy valioso, solo para darse cuenta demasiado tarde que no lo era tanto como la vida. Como Jeiffry Escarramán, de veinte años, quien murió cuando trató de impedir que dos encapuchados a bordo de una motocicleta lo despojaran de sus cadenas de oro cuando departía en el negocio de su papá, que en el forcejeo le hicieron tres disparos; testigos cuentan que, mortalmente herido, sacó el arma de fuego que portaba y disparó varias veces contra los asaltantes logrando herir a uno de ellos pero no evitar que huyeran.. Todo eso ocurrió en el sector Invivienda de Santiago, donde la delincuencia hace de las suyas a pesar de los esfuerzos de las autoridades por reducir los índices de criminalidad y la violencia que siempre la acompaña. Pero estas son tan solo palabras, y si se quiere también estadísticas si nos ponemos a contar los muertos aunque no sirvan de consuelo ante la inseguridad. Que, por cierto, no es buena idea que los ciudadanos traten de enfrentar con sus propios medios portando un arma de fuego, porque a veces solo sirve para que los delincuentes se sientan obligados a matarte porque eres una amenaza. Jeiffry Escarramán no debía andar con una al cinto, ni debió morir porque dos desalmados se antojaron de sus cadenas de oro, pero así anda este país. Frase con la que podría resumirse esta entrega y dejarlo hasta ahí, más que nada para no tener que pensar a dónde podríamos ir a parar de seguir por el camino que nos señala la violencia que hemos convertido en el pan nuestro de cada día.