Scooters: un riesgo que crece
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Scooters: un riesgo que crece

A la pesada carga de riesgos que abruma a nuestras calles y avenidas, se ha sumado en los últimos tiempos un nuevo y preocupante factor de inseguridad vial. Se trata del uso cada vez más extendido de patinetas eléctricas o scooters —e incluso patines— que irrumpen en la vía pública serpenteando entre vehículos en movimiento o detenidos en medio de los habituales taponamientos del tránsito. En ciudades como Santiago, estas patinetas eléctricas llegaron a ser alquiladas a niños y adolescentes, una práctica temeraria que ya comienza a reproducirse también en la capital. Se ha extendido su uso sin que medie control alguno sobre edades, destrezas o medidas mínimas de protección para sus usuarios. No han faltado los reportes de accidentes, en ocasiones con consecuencias para los propios patinadores y, en otras, afectando a conductores o peatones. A ello se suma la alarma por el uso de estos vehículos como medio para la comisión de actos delictivos, aprovechando su rapidez, maniobrabilidad y facilidad para evadir controles. Ante esta realidad, las autoridades de Santiago realizaron recientemente un operativo en el que fueron incautadas decenas de patinetas pertenecientes a un negocio que las alquilaba de manera irresponsable. Esto puso en evidencia la urgencia de una intervención regulatoria más amplia y sostenida. Conviene recordar que estas patinetas funcionan con baterías, son prácticamente silenciosas y, en muchos casos, carecen de luces, señales reflectantes o cualquier elemento que permita a los conductores advertir su presencia con la debida antelación. Al circular así, se convierten en verdaderos proyectiles invisibles en el tráfico urbano. Resulta impostergable, por tanto, establecer regulaciones claras y estrictas que prohíban su circulación en las calles cuando sean operadas por menores de edad. La regulación debe exigir el uso obligatorio de cascos y otros dispositivos de protección para todos sus usuarios. Al mismo tiempo, se impone la necesidad de ampliar y adecuar la infraestructura urbana, creando más ciclovías y espacios exclusivos para patinetas, bicicletas y otros medios de movilidad ligera, como ocurre en grandes ciudades del mundo que han sabido anticiparse a estos desafíos. Mientras tanto, una alternativa sensata sería restringir su uso a parques y áreas públicas de recreación, donde no representen un peligro ni para el resto de la ciudadanía ni para quienes, con ligereza o desconocimiento, se exponen hoy a riesgos innecesarios en nuestras ya congestionadas vías.

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