Cuando el arte mueve el sentir de una etnia
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Cuando el arte mueve el sentir de una etnia

El año pasado fuimos testigos de la presentación de uno de los álbumes latinos más emblemáticos de la historia reciente.  Lejos de buscar la grandilocuencia intelectual, el disco se dio a conocer como un reconocimiento sincero a nuestra cultura: a lo sencillo de la cotidianidad, al valor de nuestro entorno, a los colores, sabores y raíces que nos definen como pueblos latinoamericanos.  En su pulso late la celebración de lo cotidiano y la reivindicación de una identidad que, aunque pequeña en territorio, es inmensa en corazón y talento: Puerto Rico. Ese homenaje tiene rostro y voz: un joven inquieto que trascendió fronteras gracias a una música que, en sus orígenes, no fue bien recibida. Nacida en barrios humildes, con expresiones callejeras —a veces ásperas, a veces violentas—, esa música se transformó, con el tiempo, en un ritmo cada vez más universal. Hoy se baila y se canta en rincones distantes, donde la lengua original dejó de ser una barrera para conmover y unir. Benito Antonio Martínez Ocasio, conocido como Bad Bunny, hizo algo que muchos artistas no intentaron: decidió quedarse. No abandonó su tierra.  Desde Puerto Rico llevó su voz al mundo y, al mismo tiempo, puso en el mapa la cotidianidad, la estética y las historias de su isla. Su obra permitió que millones se acercaran a conocer y disfrutar lo que una pequeña isla tiene para ofrecer: talento, tradición, resiliencia y una forma de ver la vida que se contagia. Más allá de la fama y las ventas, lo relevante es el efecto cultural: el arte que dignifica los orígenes y visibiliza realidades. Cuando una expresión musical logra transformar percepciones, se genera un movimiento colectivo que rescata memorias, válida experiencias y multiplica la presencia de una comunidad en el imaginario global. La cultura no divide: la cultura une, amplifica y provoca encuentros inesperados entre identidades diversas. Ese fenómeno —la capacidad de un álbum y de su intérprete para conmover a toda una etnia y llevar su sentir más allá— es motivo de celebración. Esto nos recuerda que el arte puede ser vehículo de orgullo y reconocimiento, y que de lo pequeño surge lo universal.

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