Los desafueros al allanar deben pasar a la historia
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Los desafueros al allanar deben pasar a la historia

El Ministerio Público, al que en ocasiones abriga dudas razonables al actuar acompañado de la fuerza pública para penetrar legalmente a privacidades ciudadanas, ha decidido jugar limpio y poner distancia de actos individuales y deshonrosos de quienes participan en nombre de la ley –tanto del propio cuerpo judicial como de auxiliares policiales- al aplicar la herramienta procesal que consiste en irrumpir en lugares vedados constitucionalmente por respeto a la intimidad. Un marco de operaciones que debe estar bajo estricto control de la superioridad.. Contra las viciosas tentaciones de apartarse del correcto proceder de subalternos –de oprobiosos y ocasionales antecedentes- entrará en vigor la obligatoriedad de incursionar en cotos particulares bajo la vigilancia y porte de recursos de la inteligencia artificial y cámaras de vídeo corporales que se espera sirvan al objetivo de combatir los desafueros que manchan a las instituciones en las que con regularidad han aparecido individuos que abusan de su autoridad. Un claro resultado de la ausencia de supervisión que convierte a quienes dirigen en cómplices por omisión de daños a la sociedad.. Una “legítima acción legal” de la fuerza pública del año pasado en una plaza comercial de La Barraquita, Santiago, no tardó en convertirse en masacre policial con cinco víctimas mortales. Unos asesinos uniformados que tras su desafuero barrieron hasta el sol de hoy con las cámaras puestas allí por los propietarios para que toda actuación taimada quedara registrada. Una demostración de que contra eso de filmar delitos, el que hizo la ley hizo la trampa.. Más recientemente en un allanamiento “por confusión” al domicilio de una cantante urbana los agentes no hallaron nada sospechosos; solo unas cadenas y guillos de oro que desaparecieron como por arte de magia; también hasta el sol de hoy.. Se recuerda que al dirigente de izquierda Amín Abel Hasbún lo mató un oficial en septiembre del 1970 en medio de un allanamiento en el que la fuerza pública actuó en compañía de un ayudante fiscal de la época que no vio el momento del disparo. “Acabo de llegar”.

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