Buenos modales en la mesa: la servilleta: origen, utilidad y uso
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Buenos modales en la mesa: la servilleta: origen, utilidad y uso

Pocos conocen el origen de un elemento fundamental de la mesa, sobre todo por su utilidad: la servilleta. Quien diría que esta pieza tuvo como antepasados a tiernos conejos atados a las sillas de los comensales en los banquetes del Renacimiento en la corte del Duque de Milán, Ludovico Sforza, según cuenta Leonardo Da Vinci. Mucho se ha escrito y especulado sobre este elemento indispensable en una mesa formal o informal, pero ¿cómo debemos usarla en una mesa formal? A continuación, haremos un repaso acerca del uso de la servilleta, desde que nos sentamos a la mesa hasta que nos retiramos de ella: En una mesa formal o protocolar, la servilleta estará doblada en forma de triángulo, rectángulo o pentágono. Aunque en muchas ocasiones las vemos dobladas como abanico, bonete de Obispo o como una flor, en una mesa formal, solo se aceptan las tres formas antes mencionadas. Si al principio de la comida, la servilleta está ubicada a la izquierda o a la derecha del invitado, depende de la costumbre del país. Lo que no debería hacerse, es colocar las servilletas excesivamente dobladas dentro de las copas. En mesas para comidas formales tampoco se usan aros en las servilletas. Una vez que nos hayamos sentado a la mesa, aguardaremos a que los anfitriones hagan lo mismo. La gente siempre se pregunta ¿en qué momento comienza la comida? Muy simple, la comida comienza una vez que la anfitriona o anfitrión tomaron sus servilletas, con ambas manos tomamos la nuestra y la convertimos en un rectángulo, la bajamos sobre el regazo con la abertura hacia el mantel o también puede ser hacia nuestro cuerpo, para mayor comodidad. Siempre la dueña de casa es la primera en tener que desdoblar la servilleta, la primera en comenzar a comer y la última en finalizar por más lento que fuese un invitado. Solamente se puede usar la parte inferior e interior de la servilleta, la parte superior tapa las manchas que pudiéramos dejar. Reitero, debemos abrir la servilleta y limpiarnos los labios con la parte inferior e interior de la misma pues, al apoyarla nuevamente sobre el regazo, todas las manchas quedaran escondidas dentro de la servilleta. Si nos limpiáramos con la parte externa del paño, al bajarla, nos macharíamos los pantalones los varones y los vestidos las damas. Recordemos limpiarnos los labios luego de cada bocado y luego de cada sorbo de agua o vino. La servilleta no se utiliza para sacudir migas de pan sobre la mesa, no se usa para repasar las copas y menos aún para secarnos el sudor de la frente. Tampoco se usa como un babero ni para sacudirla, como si fuéramos unos toreros. Tampoco sirve la servilleta para intentar limpiar una mancha de salsa o de vino en la camisa. La mesa no es una tintorería. Todos hemos sido testigos alguna vez de estos usos inapropiados que mencionamos. Si por casualidad durante la comida tuviésemos un retorcijón, molestia o una urgencia, entonces, en esta circunstancia obligatoria, debemos retirar la silla lo más discretamente posible, colocar la servilleta sobre la mesa, a la derecha sin arrugarla, sin decir una palabra e ir al lugar que ya conoce: el baño, tocador o sanitario, en cada país se le llamen de distintas maneras. Al llegar a una casa o a un salón y luego de haber saludado, es recomendable preguntar dónde queda el baño, no para ir en ese momento, sino para saber dónde queda porque esa pregunta no se hace a la mesa. Nadie debería preguntar… ¿Dónde queda el baño? Luego retornamos a la mesa, nos acomodamos, colocamos la servilleta sobre el regazo y continuamos comiendo. Usted es invitado, se le ofrece la casa, pero a la mesa nunca falta un desubicado que pregunta: ¿A dónde fuiste? Entonces usted le responde: “Después te contesto, querido”. Nunca se deja la servilleta sobre la silla mientras voy al baño por un momento. A quién se le ocurre colocar sobre la silla, algo inventado para secarnos los labios. A todos nos puede ocurrir un accidente cuando estamos a la mesa, por ejemplo, que se caiga la servilleta al piso. En esa situación, con la sonrisa más amable, miramos al mesero, o camarero y le pedimos una servilleta limpia. De hecho, en una comida formal, la anfitriona y su maître de salón, deberán estar atentos a este tipo de hechos. Durante el desarrollo de una comida de tres pasos: con entrada, plato de fondo o principal y postres, la servilleta se utiliza unas doscientas veces, luego de cada bocado y luego de cada sorbo.

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