Cuándo volver a la universidad: cinco momentos decisivos
La educación superior es un motor clave del desarrollo personal y social, con un impacto creciente en la calidad de vida y la seguridad económica. Según un informe de 2024 de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), el número de estudiantes universitarios en América Latina aumentó un 32% de 2012 a 2021, y el Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo, en Chile, reportó un aumento del 157% entre 2013 y 2024 en el número de adultos mayores matriculados en educación superior. Cada vez más personas eligen estudiar (o retomar estudios universitarios) fuera de los rangos tradicionales de edad. Las razones son muy diversas, pues a medida que maduramos, nuestras motivaciones cambian. Para algunos, esta es su primera oportunidad real de hacerlo; para otros, quizá profesionales con trayectoria, puede ser una decisión estratégica, tomada en un momento de mayor claridad sobre quiénes son, qué quieren y hacia dónde desean proyectarse. Ya sea porque la carrera elegida en la juventud ya no conecta, por ganas de incursionar en campos emergentes o por tener hoy más tiempo o recursos disponibles, hay momentos decisivos en los que volver a la universidad puede marcar la diferencia para crecer, reinventarse o darle nuevo sentido al camino profesional. Por ejemplo: Volver a estudiar permite conectar con intereses nuevos o inexplorados, con una vocación identificada desde la madurez, no desde la presión externa, y construir una carrera alineada con los valores y deseos actuales. El mundo laboral cambia rápido. Muchos profesionales optan por regresar a la universidad para incursionar en áreas emergentes, actualizar su enfoque o adaptarse a nuevas realidades del mercado. Complementar la experiencia acumulada con nuevos conocimientos fortalece el currículum, amplía la mirada, suma herramientas y aumenta la versatilidad profesional. En muchos casos, avanzar hacia posiciones de liderazgo o mayor jerarquía requiere formación académica formal. Volver a la universidad puede ser el impulso necesario para abrir puertas y acceder a nuevas oportunidades laborales. Completar una carrera no terminada es, para muchos, una meta personal profundamente significativa. Más allá del título, representa una fuente de satisfacción, confianza y logro personal. Testimonios como el de Ingrid Ureña, quien volvió a la universidad a los 50 años, confirman que estudiar en la adultez es una elección consciente: “rencontrarme con una carrera que había comenzado a estudiar muchos años atrás significa mucho más para mí hoy porque es una elección. No necesito el título, pero quiero el conocimiento, ejercitar mi cerebro y es una gran satisfacción darme cuenta de que puedo”. Para Johanna Mella, la experiencia implica vivir el aprendizaje desde la madurez y libertad. “Para mí, la mayor diferencia radica en que ahora estoy estudiando porque quiero. Volví porque mi hijo mayor acababa de empezar su carrera y como yo no había terminado la mía, sentía que me faltaba eso para acompañarlo adecuadamente en su nuevo camino. Al principio, lo que más me entusiasmaba era que iba a tener mi título, pero luego me enamoré otra vez de mi carrera (Derecho).” La verdad es que no hay una edad o momento preciso para encontrar una vocación. El aprendizaje es dinámico, transformador, y todo lo aprendido antes sirve para comprender lo nuevo. Volver a estudiar, fortalece habilidades cognitivas, genera sentido de logro y tiene un impacto positivo en la salud mental. Programas como Unibe Adultos (licenciaturas creadas para mayores de 25 años), junto con la amplia oferta de postgrado y educación continua de la Universidad Iberoamericana, Unibe —que incluye cursos, talleres, diplomados y Unibe Senior, diseñado para adultos mayores—, responden a esta realidad: volver a estudiar no es empezar de cero, sino continuar con más claridad, propósito y experiencia.