Dos versiones de la Virgen de la Altagracia
La Virgen de la Altagracia, nuestra patrona, intercesora ante Dios de las necesidades del pueblo, es un cuadro encontrado milagrosamente y del cual se han hecho numerosas interpretaciones. Esta vez haré referencia a dos cuadros de la tierna escena que representa al niño Jesús recién nacido, la Virgen María, a su lado y detrás, san José. El cuadro, es un nacimiento, como llamamos a los numerosos montajes que hacen en los hogares con motivo de la Navidad. Quiero referirme a dos versiones de la antigua pintura, ambos contemporáneos, pero llevados a cabo con técnicas diferentes y resultados distintos. Soy miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte, por esta razón, me permito hacer la crítica de las obras. Dustin Muñoz, realizó un cuadro de la Altagracia, destinado a la catedral de Santo Domingo. Es un cuadro en donde este extraordinario artista interpreta el rostro de la Virgen como el de una dominicana más, el recién nacido adopta la postura de las piernitas y los pies que se ve corrientemente en los recién nacidos, utiliza la perspectiva para darnos la sensación de profundidad. La corona de la Virgen está adornada con naranjas, las estrellas que rodean su cabeza representan los doce apóstoles y el lucero que se ve a lo lejos en el cielo oscuro, es aquel que guió a los Reyes Magos. San José sostiene una vela encendida, símbolo de la santidad del acontecimiento. El recién nacido yace sobre pajas encima de una cruz, otro símbolo que agrega el artista. Alos lados se observan los clavos recordándonos el martirio que espera al indefenso bebé. El color es justamente el apropiado, sin estridencias, resaltando el blanco de la pureza de madre e hijo. Es una escena al estilo clásico, ejecutada con maestría sin faltar de ningún modo al venerado cuadro. Por otro lado, tenemos la versión que nos ofrece Margarita Franco de Gómez, quien además de ser mi sobrina, pinta con pasión la sagrada escena en numerosos cuadros. Su estilo es diferente, vamos a llamarlo contemporáneo. No falta nada de la mística escena, pero la convierte en una fiesta para los ojos del espectador. Sus tonalidades son vibrantes, sus figuras toman otro carácter, la virgen parece querer penetrar en el alma del observador. Toda la escena es dominada por el colorido y la naturaleza se apodera del cuadro, haciendo de las naranjas elementos protagónicos. Un San José cercano nos hace ver la importancia de ese otro protagonista del acontecimiento que cambió la vida de la humanidad. Dos versiones diferentes para rendir honor a nuestra santísima Patrona.