¿Vivir la vida o gastar la vida?
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¿Vivir la vida o gastar la vida?

A veces nos confundimos y creemos que llevarnos el mundo por delante es vivir la vida. ¡Qué craso error! De esta forma, sin darnos cuenta, lo que hacemos es gastar la vida porque vivirla no significa creer que no hay un mañana o hacer cosas que, en vez de reportarnos beneficio, nos restan salud, paz y bienestar.  No es saludable derrochar nuestras energías en gozaderas sin sentido y en resacas tormentosas cuando en realidad se sabe que la moderación es la mejor consejera para que podamos disfrutar de lo que el Señor nos da. Para ver cómo viven la vida en la ciudad fabulosa, me fui a explorar un poco el discurrir de los días allí. Llegué tranquila para ponerme a tono con la paz que percibí en el lugar.  Noté que todos sonríen, que realizan sus labores con alegría y entrega, que salen a divertirse cuando pueden hacerlo y con notable prudencia, y que tienen muy claro que la vida se vive disfrutando lo simple, nunca gastando la existencia en cosas vanas, en aventuras extremas para llamar la atención, o en desdoblarte para encajar en el ambiente que está de moda.  Durante mi estadía vi cómo tienen definido el concepto de vivir y gastar. No se quejan, no se lamentan y mucho menos culpan a otros por lo que ocurre en su vida. Cada uno es dueño de sus actos y de sus consecuencias. Incrédula de lo bien que se vive la vida en esta ciudad fabulosa, hice el ejercicio de ir a sus puestos de trabajo, a las casas y a los lugares de diversión. Ciertamente, en cada escenario su comportamiento es con mesura.  En sus labores no buscan dañar a nadie, al contrario, aportan para que el trabajo en equipo dé los mejores resultados. La diversión es una actividad que, en esta ciudad fabulosa se disfruta a plenitud, pero de manera sana.  Vi a jóvenes tomarse su traguito, bailar, reír y compartir entre amigos, pero de una manera moderada que les permite saber lo que están haciendo y gozar sabiendo que desean ver el siguiente día. En el hogar, la calidez y la armonía son las protagonistas. Saben vivir la vida sin la necesidad de gastarla. Sin quererlo, tuve que regresar a nuestra amada República Dominicana. Eso sí, vine prendada del comportamiento que observé en cada habitante de la ciudad fabulosa. Tal vez lo aprendido allí no me sirva para ayudar a otros a vivir la vida, pero al menos aprendí yo a saber que hay ciertas acciones nuestras que nos llevan a gastar la vida.  Vamos a vivir agradecidos de un día más, de la oportunidad de trabajar, de resolver nuestros compromisos, de tener a nuestra familia, de disfrutar de cada cosa que nos regala el Señor sin quejarnos ni lamentarnos, sin llevarnos el mundo por delante. Vivirla sólo sabiendo que siempre habrá un mañana.

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