Una historia derrrr sur
Su hermosa cara, como que irradiaba buenaventura, bonanza. Decían todos los que habían hablado con ella, pero aquí estaba lo dudoso del asunto, pues aunque a penas supieran hablar, todos decían que habían hablado con ella. Lo que sí era indudable es que era muy hermosa, con una que otra particularidad, como ese brillo que tienen algunas cosas, algunos animales, algunas bestias salvajes, un brillo muy vivo, que parece palpitar y que hace sentir en todo quien lo percibe, la necesidad de acercarse a tocar esas cosas, esos animales, esas bestias salvajes, pero mucho cuidado, nadie, ni siquiera su madre se atrevía a intentar tocarla, pues sabían muy bien, sobre todo su madre, su padre y todos sus familiares, que desde que alguien se acercaba demasiado e intentaba tocarla, ella comenzaba de una manera insoportable a cantar, y cuando se dice insoportable es que no era tolerable en absoluto para ningún ser vivo. Digámoslo de una vez, era imposible escuchar aquella voz tan dulce, de tan hermosa mujer, cantando, sin comenzar a quitarse de inmediato y poco a poco, toda la ropa o comenzar a correr muy velozmente sin hacer caso a nada, hacia la mar, la mar, la mar, como gritaban todos quienes la habían escuchado cantar, tras intentar tocarla, y en efecto, habían salido corriendo hasta la salida más cercana al mar. Cierto que su cuerpo era maltrecho, pero quizás por contraste, así mismo era de dulce su voz y el mayor contraste aún era ver usualmente a unos cuantos fulanos o fulanas -gente que aún descreía todo de ella- salir corriendo desnudos mientras gritaban la mar, la mar, la mar. Tuve la suerte de escuchar la historia de algún compueblano suyo, una tarde que estuve en Barahona, estampando unos animales en una propiedad, en la que como veterinario fui contratado. Lo cierto es que no me creí ni un chin de todo aquel maravilloso y entretenido cuento, que tanto nos hizo reír y nos animó la tarde, en el corral de los Caput Caput, quienes constantemente me contrataban para trabajos en su finca, para su ganado. A las tres semanas los Caput Caput recibían al mayor de sus hijos, que estudiaba en Nueva York, y con motivo de recordar viejos tiempos, organizaron una velada a la que fui invitado, como todos los que alguna vez trabajamos en los inicios de la finca hace ya tantos años. Allí la conocí. Sólo puedo decir una palabra de manera objetiva, lejana a todos los mitos que haya escuchado: Despanpanante.