La montaña de zapatos y el camino equivocado
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La montaña de zapatos y el camino equivocado

Todo el mundo ha percibido los intentos fallidos por controlar el tránsito y lograr una fluidez que la gente perciba como positiva y útil para el desempeño y la cotidianidad. Vale la pena descartar que no exista una correlación entre el famoso escándalo del Intrant y los semáforos inteligentes, con la crisis que luce haberse agudizado luego del famoso apagón general de semáforos. Pero es un tema : ”técnico, jurídico, forense” que debería ocupar a las autoridades sin conflictos de interés. En este enfoque intentamos lograr una combinación de dos conceptos paralelos que nos pueden ayudar a reflexionar y contestar tres preguntas fundamentales: a) ¿estamos produciendo desorden con nuestras iniciativas, b) ¿estamos automatizando procesos que nos llevan más rápido al lugar equivocado?, c) ¿estamos haciendo lo correcto correctamente?. La montaña de zapatos defectuosos como obra de arte de un fallido proceso productivo, la asociamos a la cantidad de multas diarias que se colocan a conductores a nivel nacional y que se han convertido en la aparente razón de ser de una entidad, que en teoría debe dirigir el transito. Una montaña de multas por un lado y un caos cada día peor en el transito en las ciudades más grandes del país. En resumen un fracaso y “multas financieras” percibidas por toda la sociedad dominicana. Si preguntas a cualquier conductor, al acercarse a un taponamiento, te dirá, seguro hay un AMET en la esquina y está ocasionando este tapón. El 99% de los conductores a quien preguntes te dirá lo mismo, y si recordamos al cantor Facundo por aquello del alimento preferido de las vacas, te dirá, “come yerba, millones de vacas no pueden equivocarse”. Pero preferimos las multas, el taponamiento y mientras más agentes actúan, más tapones creamos. Tal vez sería sabio dejar trabajar a los semáforos. Aunque los compañeritos que tienen flanqueadores necesitan el AMET pues no pueden actuar como ciudadanos normales, sino como semidioses que tienen el derecho al paso rápido en todas las intersecciones del país. Y esto crea un % importante de tapones. Aunque claro, a más multas, más suenan las alcancías en el reparto. Pero si nos vamos a la segunda pregunta, a lo novedoso, automatizar los procesos, sin antes resolver el desorden, así logramos automatizar el desorden. Llegando mucho más rápido al lugar incorrecto por cometer los mismos errores pero más rápidamente. Y con una montana muchísimo más grande de zapatos (multas). Es que si tomamos el camino equivocado, aunque seamos expertos conductores y manejemos el mejor de los aparatos, si tomamos el mapa equivocado, llegaremos a un lugar inapropiado y sencillamente, nos habremos perdido. Incluso podemos hasta darnos ánimos en el camino, (reuniones, súper comisiones y relaciones públicas), para ganar confianza y seguir adelante, pero si la ruta no nos lleva a nuestro deseado destino, llegaremos a un lugar distinto, habremos perdido el tiempo y al final nos sentiremos frustrados. Y así esta la población, frustrada, no solo con el transito, sino con las promesas compradas de la gestión del cambio, que al parecer se traducen en el mismo engaño combatido en las calles con la recordada marcha verde, un nuevo fiasco de la partidocracia. Pero la tercera cuestión es mucho mas inclusiva, ¿estamos haciendo lo correcto y lo hacemos correctamente?. Solo esta pregunta nos convoca a una respuesta enciclopédica. Porque el hacer lo correcto implica necesariamente una visión, principios y valores fundamentales y un plan de acción, que no traicione el interés nacional. Pero lo más importante, contar con la aprobación totalmente necesaria del soberano mandante, que es quien al final merece ser reverenciado y obedecido. Entre la montana de zapatos y el camino equivocado, fluye pues esa necesidad que el mismo Salomón planteaba en el Eclesiastés al definir lo que significa ser exitoso, y Salomón decía que consiste en “una acción sabia, bien ejecutada”. Y caemos en el mismo concepto de excelencia que suma necesariamente la eficacia y la eficiencia, es decir, hacer lo correcto, correctamente. Pero lamentablemente cuando los valores que guían nuestro proceder no son el interés nacional, sino los deseos de lucro, las ideas mercenarias, la mafia institucionalizada, en nepotismo, la corrupción de cuello blanco, el testaferrato, el reparto del botín de guerra que para los forajidos de la cosa pública implica el erario. Entonces no hay forma de ocultar el descontento que se generaliza. Por eso es un gran reto el reducir la montaña de zapatos defectuosos, o que no transitemos por los caminos equivocados, dando entonces como resultados (mas multas, mas corrupción, mas narco tráfico, mas robo, mas deuda, mas déficit fiscal, más impuestos, mas partido mafia, menos progreso, menor cercanía al interés nacional, menos respeto a nuestra soberanía y a los mandatos constitucionales, y menos respeto al Soberano Mandante). Pensar en hacer lo correcto, implica apegarnos a una visión país aprobada por el Soberano Mandante, principios y valores, que necesariamente deben estar por encima de la ley y estas ajustarse a estos preceptos. Pero si los que hacen las leyes son inmorales, anti éticos y solo sienten estímulos mercuriales y conveniencias personales que fluyen de aquel maletín, entonces, luego de un nuevo zarpazo mortal a la calidad de vida de la gente, ¿qué les importa la necedad y el impacto, sin con ello aseguran millones para sus finanzas personales? ¿Quién ha dicho que el estado tiene dolientes? Y regresa la única alternativa verdadera que el pueblo dominicano tiene a mano, imponer el Referéndum para ordenar la casa, y como primer punto, retirar la delegación de poder hecha equivocadamente a una clase política que se ha convertido en el principal anatema de la nación.

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