Kata Metrom: Vivir según nuestra propia medida
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Kata Metrom: Vivir según nuestra propia medida

Para el mundo griego antiguo, la naturaleza representaba el límite dentro del cual los seres humanos podían operar. El concepto de límite y de medida fue, de hecho, una de las piedras angulares de la vida griega. Las divinidades bien ordenadas en el Olimpo eran conocidas por todos, gracias al conocimiento de los mitos y a las prácticas rituales y litúrgicas. La finalidad era no alterar el equilibrio de la naturaleza por algún motivo.. Cuando se trata del concepto griego de medida, la expresión es Kàta Métrom (vivir según medida). En la mente de un ciudadano griego antiguo, esto significaba enfatizar la importancia de la proporción y la modelación de cada ciudadano para lograr la armonía y la felicidad. Vivir según sus medidas, sus límites.. Los mitos eran casos ejemplares que contenían profundas advertencias, aunque no abordan directamente la “medida” como concepto abstracto, más bien ofrecen narrativas que exploran temas relacionados con la medida, la proporción y el límite a través de personajes, eventos y objetos simbólicos. Pensemos por ejemplo la enseñanza que está detrás del Mito de Ícaro, que cuenta la historia de un joven que, junto a su padre Dédalo, intentó escapar de Creta utilizando alas artificiales construidas con plumas y cera. Dédalo advirtió a Ícaro que no volara demasiado cerca del sol, ya que el calor podría derretir la cera. Ícaro, excitado por la libertad de volar, ignoró la advertencia de su padre, se acercó demasiado al sol, sus alas quedaron destrozadas y cayó al mar ahogándose. Este mito, se interpreta como una advertencia contra la ambición excesiva y la desobediencia, y una advertencia para reconocer las propias limitaciones terrenas. Vale la pena mencionar al menos otro mito que trata este tema. Entre los muchos que se pueden elegir, uno especialmente conocido es el que narra la historia de Midas. El mito del Rey Mida, que nos llegó a través de Ovidio, habla de un rey, conocido por su riqueza, que recibe de Dionisio el poder de transformar en oro todo lo que toca, Inicialmente entusiasmado con este don, Midas pronto se da cuenta que esto lo condena al hambre y la sed, ya que incluso la comida y la bebida se convierten en oro. Arrepentido, le ruega a Dionisio que le quite este poder. La historia adquiere un claro significado simbólico: una parábola sobre la codicia y las consecuencias negativas del deseo desenfrenado de riqueza y materialidad. Midas representa al hombre que, cegado por el deseo de bienes materiales, pierde de vista lo verdaderamente importante para su espíritu y su realización.. En el mundo contemporáneo, el concepto de límite ha abandonado la función educativa que difundió en la antigüedad. El progreso desenfrenado y la carrera hacia una producción excesiva parecen afectar a todos los campos de la actividad humana. El ser humano cree poder ocupar una importante posición en detrimento de la naturaleza, el hombre está convencido de tener derecho a un papel de dominación injustificado.. Vivir con la “medida justa”, “Katà Métrom” decían los griegos, como limitación de los deseos, de la fuerza expansiva que empuja a los hombres a querer algo que está fuera de su poder y que inclina así al propio “demone”, la propia disposición interior hacia la felicidad, (que los griegos llamaban eu-daimonia). La infelicidad (kako-daimonia) es producida por un pobre autogobierno y de las propias fuerzas, empañadas por la voluptuosidad del deseo. No la felicidad como satisfacción del deseo mi la felicidad como recompensa de la virtud, sino la virtud misma, como capacidad de gobernarse a sí mismo para el propio éxito. En ese sentido la felicidad se puede enseñar.. La cuestión tiene raíces profundas. La trascendencia y la espiritualidad permitieron al ser humano reconocer que no podía ir más allá de su límite terrenal y aceptar lo desconocido que vive tanto en él como en el universo entero. La espiritualidad consiste en la conciencia de no poder conocer plenamente los misterios de la vida. Aceptar la oscuridad y lo desconocido, en lugar de ignorarlos afirmando que puede resolver cada misterio mediante investigaciones empíricas o teóricas. Es más bien un escudo que protege a quienes realmente no pueden aceptar la existencia, creyendo tener todo bajo control. La ausencia de espiritualidad, característica de la contemporaneidad, ha provocado así el colapso del equilibrio y de la armonía del hombre con el universo y consigo mismo. La pérdida real de la medida, intoxicada por la presunción y el dominio de la técnica.. La mitología griega nos había advertido. El mito de Prometeo habla de un titán que, por amor a la humanidad, robó el fuego a los dioses para dárselo a los hombres, desafiando así la ira de Zeus. Por esa desobediencia, Prometeo fue castigado con una terrible tortura: encadenado a un acantilado, un águila devoraba cada día su hígado, hígado que volvía a crecer durante la noche. El fuego, simbólicamente, representa el principio del progreso tecnológico, es un arma de doble filo que potencialmente puede llevar a los seres humanos a su propia autodestrucción. Si el mito lo encadenó y lo castigó severamente, hoy Prometeo ha sido liberado y no hay forma de detenerlo. El único camino es recuperar los conceptos de medida y, con él, de espiritualidad, tan preciosos en la época griega como trivializados alarmantemente en la actualidad.. En griego antiguo la palabra felicidad se traduce como “eudaimonia” (eu–daimon), que significa bien y demone. En su significado original, el daimon no es un ser negativo, como lo que hoy conocemos como demonio, sino que tiene una naturaleza dual, benéfica y maléfica. Este concepto conoció su éxito con Platón quien, en el Mito de ‘Er’ contado en el texto La República, esbozó sus rasgos y función, transformándolo en uno de los arquetipos más importantes de la cultura occidental. El mito de “Er” cuenta como el alma, antes de nacer, elige su propio destino: un plan para vivir en la tierra, una imagen primordial a seguir. Para honrar esta elección, se le asigna un genio tutelar que puede guiarla: el daimon. Este compañero es asociado únicamente al alma que le ha sido asignada y tiene la función de recordarle su destino y velar por que se cumpla.. La felicidad para los griegos es el “éxito de tu daimon”. Lo que los japoneses llaman “el mensaje del emperador”. Lo que los cristianos llaman vocación.. “Conócete a ti mismo, conoce tu Daimon”, como inscrito en el pronaos del Templo de Apolo en el Oráculo de Delfos en Grecia, el daimon es lo que te impulsa a ser arquitecto, más que ingeniero, más que médico, es tu vocación, tu talento natural. Cuando hayas conocido y realizado tu daimon, para lograr la felicidad es fundamental ser consciente que hay una condición: ‘Katà Metron’, segunda inscripción en el Oráculo de Delfos, no tratar de superar tus límites, mantiene la medida, si tratas de superar la medida, te preparas para la ruina. Quiero decir si eres un buen arquitecto, pero no eres Frank Lloyd Wright, Frank Gehry o Zaha Hadid no debes tentar de ser Wright ni Gehry ni Hadid es inútil que pruebes porque no lo lograras y si pruebas prepararas tu propia ruina. Debes ser un buen arquitecto y conseguir la eudaimonia según tu propia medida.. Sabré que mi daimon es único y en mi unicidad intentaré nutrirlo cada vez más para hacer un aporte que pueda marcar la diferencia en la profesión que he elegido y que me apasiona más que ninguna otra, en ese momento estaré sereno y estable en el camino hacia lograr la eudaimonia (La Felicidad).

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