Habladores, parlanchines y mitómanos
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Habladores, parlanchines y mitómanos

Dedicado a nuestro amigo Carlos José Peña, destacado entomólogo y gracioso contador de anécdotas de su pueblo, Bonao

En todas las sociedades han existido estos personajes, muchas veces pintorescos, otras veces, inoportunos y desagradables, pero, en fin, estampas de los pueblos y ciudades. Aunque pueden usarse como sinónimos, hablador, parlanchín y mitómano describen comportamientos y motivaciones psicológicas muy distintas.

El hablador es quien habla mucho y con facilidad. Generalmente, es una persona locuaz, extrovertida, que se expresa con fluidez y sin inhibiciones. Su propósito es la sociabilidad, compartir ideas y disfrutar de una conversación. Puede ser un líder natural o un gran comunicador. No tiene intención de engañar; lo que expresa suele ser veraz o, al menos, sincero. Su connotación es positiva y suele ser valorado en contextos sociales o profesionales dónde se requiere una comunicación clara y efectiva. Estos personajes son admirados por su capacidad de comunicar, persuadir y entretener. En la sociedad dominicana ejemplos notables incluyen a Freddy Beras-Goico, maestro de la televisión; Freddy Ginebra, reconocido por su labia cultural y empresarial; Rafael Corporán de los Santos, pionero de la animación televisiva; y Jackie Núñez del Risco, conocido por su carisma comunicativo. En el ámbito político, el Dr. Peña Gómez representa el ejemplo cumbre de la oratoria por su capacidad de conectar emocionalmente con el pueblo. En la vida cotidiana, también encontramos al amigo o conocido de la esquina o del colmado que tiene el don de contar lo que pasó de manera graciosa y entretenida, sin caer en la mentira. Es el cuentero tradicional, tiene talento narrativo y es valorado socialmente en la tertulia o la peña, puede ser el centro del espectáculo.

Es importante diferenciar la mitomanía del delirio. Este último es una creencia falsa fija, sostenida con convicción absoluta, inmodificable. El delirio es una creencia falsa fija, sostenida con convicción absoluta, inmodificable por la evidencia, y que representa una ruptura del juicio de realidad. La persona no tiene consciencia de su falsedad, no se corrige con argumentos y suele asociarse a esquizofrenia, psicosis y demencia. En resumen: el mentiroso sabe que miente, el mitómano se convierte en su relato y el delirante vive su creencia como verdad absoluta.

Ejemplos de mitómanos en la sociedad dominicana incluyen: el falso conectado, que jura tener contactos importantes en el gobierno o amistad íntima con artistas o políticos, vendiendo influencias que no posee; el éxito ficticio de redes sociales que construye una vida de lujo mediante fotografías prestadas o editadas; el héroe o víctima persistente de historias dramáticas; ciertos profesores universitarios con relatos autobiográficos inconsistentes sobre sus éxitos; y los clásicos cazadores y pescadores que exageran sin pudor sus hazañas en restaurantes y cafés citadinos.

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· Del Castillo, J. (1996). La mentalidad del dominicano. Santo Domingo: Editora Taller.

· Tejeda Ortiz, D. (2009). Cultura y folklor de Santo Domingo. Santo Domingo: Editora Nacional.

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