Cuba, sin divisas ni combustible y con pocos turistas, vive a la deriva
La falta de combustible se ha convertido en el eje más visible del colapso. Sin divisas suficientes para importar energía, el transporte público se reduce, la producción industrial se paraliza por tramos y los servicios básicos funcionan de manera intermitente. El petróleo, más que un insumo, es hoy un termómetro del poder y de la dependencia. Cada recorte se traduce en colas más largas, mercados vacíos y una economía informal que se expande para llenar los vacíos del Estado.
En este contexto, Cuba vuelve a ocupar un lugar incómodo en el escenario internacional. La presión externa busca forzar una negociación desde la asfixia económica, mientras aliados tradicionales denuncian el impacto social de esas medidas y prometen respaldo político y material. La isla, sin embargo, negocia desde una posición debilitada: sin margen fiscal, con un tejido productivo erosionado y una población cansada de administrar carencias.
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En el plano social, el cansancio es palpable. Familias fragmentadas por la migración, jóvenes que no proyectan su futuro en la isla y comunidades que normalizan la escasez como parte del día a día. La crisis ya no se percibe como un episodio transitorio, sino como un estado permanente. La expectativa de reformas profundas ha sido reemplazada por una lógica de resistencia y adaptación.
Sin divisas turísticas
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Investigadora y autora de estudios sobre periodismo y comunicación en la República Dominicana. Ha sido reportera durante décadas en diarios nacionales. Es editora de Actualidad de Diario Libre.