Esconderse
El asesinato de Esmeralda Moronta ha puesto de manifiesto la desconfianza en el sistema de protección para mujeres amenazadas. Este esquema ofrece a las víctimas la opción de refugiarse en casas de acogida, lo que implica pausar su vida para recibir protección, mientras que el agresor permanece en libertad. Esmeralda decidió no recluirse y fue asesinada al salir de la Fiscalía. Este caso se suma al de D. Abreu, quien fue asesinado en el Palacio de Justicia de Santiago, evidenciando la vulnerabilidad de quienes buscan amparo en el sistema. El Ministerio Público señala que Esmeralda rechazó la ayuda, pero la confusión en la documentación presentada resalta las fallas en el proceso. Aunque las casas de acogida brindan un resguardo temporal, el problema real radica en la libertad del agresor. Las campañas de reeducación sobre masculinidad y la violencia de género han demostrado ser insuficientes, y los estudios realizados no han logrado frenar el alarmante número de feminicidios, que ya suma seis mujeres asesinadas en las primeras dos semanas de mayo. El entorno de las mujeres amenazadas, como familiares y amigos, juega un papel crucial como primera línea de defensa, pero a menudo carecen de las herramientas necesarias para actuar. La falta de claridad sobre cómo intervenir, ya sea denunciando o apoyando a la víctima, puede resultar en una inacción peligrosa.