Cuando denunciar no basta
La reciente tragedia de Esmeralda Moronta ha conmocionado a la República Dominicana, evidenciando la gravedad de la violencia estructural contra las mujeres en el país. Esmeralda, quien buscó ayuda institucional debido a amenazas y acoso de su expareja, fue asesinada horas después de solicitar protección. Este caso no es solo un hecho aislado, sino un reflejo de una crisis social, institucional y cultural que ha estado acumulándose durante años. La República Dominicana presenta algunas de las tasas más altas de feminicidio en América Latina, donde muchos de estos crímenes son perpetrados por parejas o exparejas, en el entorno que debería ofrecer mayor seguridad. Detrás de cada cifra hay historias de familias destruidas y mujeres que han denunciado sin ser escuchadas, así como otras que nunca se atrevieron a hacerlo por miedo o desconfianza en el sistema. La solución a esta problemática no radica únicamente en aumentar las penas, sino en implementar medidas de prevención, educación y protección efectiva. La Ley 24-97 fue un avance significativo, pero la realidad actual es más compleja, con nuevas formas de violencia que requieren una legislación moderna y integral. Es imperativo que el país avance hacia una política pública que no solo reaccione ante las tragedias, sino que fortalezca la prevención y la atención a las víctimas.