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No premiemos la deshonestidad

El 14 de agosto de 2016, se expresó una preocupación que persiste en el tiempo: las generalizaciones indiscriminadas pueden resultar incómodas, injustas e incorrectas. Estas generalizaciones, tanto positivas como negativas, pueden beneficiar a quienes no lo merecen o perjudicar a aquellos que sí actúan de manera correcta. Este fenómeno se agrava al premiar la deshonestidad, ya que igualar a quienes siguen principios éticos con quienes actúan en contra de ellos envía un mensaje desalentador. La situación se vuelve aún más crítica en el ámbito institucional. Cuando se minimiza el trabajo de quienes actúan con ética, se perjudica no solo a los individuos, sino al país en su conjunto. La denuncia es un derecho, pero la difamación generalizada no lo es. Es fundamental pasar de generalizaciones a señalamientos responsables. Si hay pruebas de malas acciones, es necesario identificarlas y, en caso de sospechas, solicitar investigaciones a las instancias correspondientes. No se debe permitir que las acciones de unos pocos deshonestos empañen la reputación de todos, ya que esto desincentiva a quienes se esfuerzan por actuar con integridad.

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