Jesucristo no es culpable
Jesús caminó por la tierra hace más de dos mil años, y desde su nacimiento en Belén, durante el mandato de Herodes, la espiritualidad ha sido manipulada con fines políticos. Ni Jesús ni Mahoma pueden ser culpados por la guerra en Medio Oriente; ambos predicaron mensajes de paz y no de violencia o exterminio. Sin embargo, se ha perpetuado la idea de que este conflicto es una disputa religiosa, ignorando que detrás de la sangre derramada hay intereses de poder muy concretos. La región, convertida en una de las mayores reservas de petróleo, ha atraído la atención de grandes imperios occidentales, que han utilizado las fracturas internas y rivalidades sectarias para intervenir y reorganizar territorios a su conveniencia. Muchas guerras han sido presentadas como enfrentamientos espirituales, cuando en realidad buscan el control de recursos, rutas y mercados. Este disfraz ha permitido que se invoque a Dios mientras se bombardean ciudades y se negocian territorios bajo la apariencia de civilización y seguridad. Belén debería ser recordada por su valor espiritual y humano, no por la guerra. Mientras la religión siga siendo utilizada como un pretexto para la ambición, los pueblos continuarán sufriendo las consecuencias, mientras los imperios se benefician del conflicto.