Mi paso por la UNADE
Estudiar en un instituto de educación superior del Ministerio de Defensa ha sido una experiencia enriquecedora, especialmente para quienes provienen de contextos de protesta social. Muchos no comprenden cómo una institución históricamente asociada con la represión puede ofrecer formación en derechos humanos. Sin embargo, en estas aulas se presenta una nueva realidad que integra la institucionalidad, el respeto y la disciplina, donde la seguridad y defensa nacional se conciben más allá del uso de la fuerza, abarcando ética, legalidad y democracia. Durante mi tiempo en el Instituto de Seguridad y Defensa Nacional (INSUDE), descubrí que las diferencias ideológicas no impiden el aprendizaje conjunto. Un episodio significativo fue cuando un alto oficial solicitó mi expulsión tras participar en la defensa de Loma Miranda, pero el rector defendió mi presencia, subrayando el compromiso de la institución con la diversidad de pensamiento. De mi promoción han surgido importantes figuras en la Policía Nacional, lo que evidencia la relevancia de esta formación en la toma de decisiones del país. No obstante, persiste un desafío: la desconexión entre la universidad y sus egresados. Muchos graduados imparten clases en otras instituciones, pero la UNADE no logra mantener un vínculo activo con ellos, lo que limita el aprovechamiento de su talento y experiencia. Además, la validación de "expertos" sin títulos académicos en el ámbito docente plantea otra preocupación.