Soberanas del espectáculo o del ego, una deuda con Casandra Damirón
Recientemente se llevó a cabo la gala de los Premios Soberano, un evento que celebró lo mejor del arte y la comunicación. Sin embargo, tras la efervescencia de la ceremonia, surge una inquietante pregunta: ¿realmente estamos honrando la excelencia en nuestra labor diaria o solo lo hacemos una noche al año? La situación actual de la industria muestra un preocupante desdén por el profesionalismo, evidenciado en intercambios públicos entre comunicadoras que parecen más un reality show que un debate serio. La "farandulización" del periodismo y la comunicación estratégica es alarmante. Hoy en día, el valor de un profesional a menudo se mide por su capacidad de generar contenido viral en redes sociales, en lugar de por la calidad de su trabajo. Lo que antes se resolvía en privado se expone en plataformas digitales, alimentando el morbo y el escándalo, lo que a su vez erosiona la credibilidad de la profesión. Honrar a figuras como Casandra Damirón, cuyo legado es el verdadero espíritu de los Premios Soberano, implica entender que el micrófono es una herramienta de responsabilidad y no un arma de ataque. La verdadera distinción se logra manteniendo una conducta ejemplar y ofreciendo contenido que aporte valor a la audiencia. Es momento de reflexionar y cambiar la dinámica: menos egos heridos y más propósitos compartidos. Al final, lo que perdura no son los momentos de gloria, sino la dignidad con la que ejercemos nuestra profesión.