Bailar para quedarse
El Día Internacional de la Danza nos invita a reflexionar sobre la situación de la danza en República Dominicana, un sector que, a pesar de su prestigio internacional, enfrenta serias dificultades locales. La danza dominicana cuenta con instituciones como la Escuela Nacional de Danza, el Ballet Nacional Dominicano y la Compañía Nacional de Danza Contemporánea, que promueven tanto el repertorio clásico como la innovación contemporánea. Sin embargo, las condiciones materiales para los bailarines son precarias. Una encuesta reciente reveló que el 93.6% de los profesionales de la danza consideraría emigrar si tuviera la oportunidad, y más del 87% necesita múltiples trabajos para sobrevivir. El costo de vida en Santo Domingo es elevado, superando los 56,000 pesos mensuales para la canasta familiar, mientras que los salarios en el sector artístico son insuficientes. Esto obliga a muchos bailarines a gestionar múltiples roles para subsistir. A pesar de la creciente visibilidad y legitimidad de la danza dominicana, la precariedad estructural persiste. Las trayectorias de figuras como Edmundo Poy y Stephanie Bauger reflejan esta lucha. Poy ha creado espacios para la danza contemporánea, mientras que Bauger se enfoca en la formación y la construcción de identidad cultural. Ambos destacan la necesidad de un apoyo real, tanto público como privado, que reconozca la danza como un trabajo cultural esencial.