Incrédulos vs creyentes
Apreciado lector, le advierto que será un tema peliagudo, debido fundamentalmente a una canción popularizada por el famoso trío mejicano Los Panchos, titulada “Mar y Cielo”, compuesta por el puertorriqueño Julio Rodríguez Reyes (1925-2013), con una estrofa que dice: "El mar y el cielo se ven igual de azules, y en la distancia parece que se unen". Eso en psicología se denomina ilusión, que es una percepción deformada de la realidad, como también fue una ilusión lo ocurrido a Don Quijote de la Mancha con los molinos de viento. A lo anterior se une que podríamos llevarnos varias sorpresas con este tema, como por ejemplo: 1-Lo que nos describe el escritor Khalil Gibran, en su obra “El loco”, en el apartado titulado “Los dos eruditos”. Veamos: "Vivían en la antigua ciudad de Afkar, dos eruditos que odiaban y despreciaban cada uno el saber del otro, porque uno de ellos negaba que los dioses existieran, y el otro era creyente. Un día, ambos se encontraron en el mercado, y en medio de sus partidarios empezaron a discutir acerca de la existencia, o de la no existencia de los dioses y separándose tras horas de acalorada disputa. Aquella noche, el incrédulo fue al templo y se postró ante el altar y pidió a los dioses que le perdonaran su antigua impiedad. Y a la misma hora, el otro erudito, el que había defendido la existencia de los dioses, quemó todos sus libros sagrados, pues se había convertido en incrédulo". 2- La otra sorpresa proviene de Jesucristo, en su sermón metafórico incluido en Mateo 25:31-46, titulado “El juicio de las naciones”, donde nos deja saber a manera de metamensaje que muchos que hablaban a voz en cuello de su incredulidad, con sus acciones beneficiaban a los más necesitados, como por ejemplo quien fuera profesor de epidemiologia de quien esto escribe, doctor Amiro Pérez Mera, el cual siendo secretario de Salud Pública en el período 1982-1986, fue quien dignificó las clínicas rurales, que eran casuchas en algunos pueblos, y en la mayoría ni siquiera existían. Y durante su período, se estableció con el apoyo del Estado y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) el programa de medicamentos esenciales Promese/Cal. Y absolutamente nadie puede decir que durante su gestión se perdiera ni siquiera una servilleta. Es de justicia destacar que el extraordinario deportista y varias veces selección nacional de nuestro país, médico endocrinólogo Diego Hurtado Brugal, fue su también un eficiente viceministro administrativo. Contrariamente a lo antes señalado, hemos tenido ministros de Salud Pública y funcionarios en otros cargos prestigiosos que alardeaban de ser creyentes, pero no se tiene nada memorable de ellos que se pueda resaltar. Por cosas como esas es que Jesucristo dijo claramente en ese sermón, que grande será la sorpresa de muchos santurrones (as), que creían tener méritos y serán rechazados (as), mientras otros que no se esperaban ser escogidos, serán llamados. Favor leer Mateo 25:31-46. 3- Continuando con Jesucristo, veamos lo que le dice claramente a los santurrones (as): "¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! Porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijos del infierno que vosotros" (Mateo 23:15). Muchas religiones protestantes se parecen en esencia a unos medicamentos antidepresivos muy populares en el pasado reciente, conocidos con el nombre Inhibidores de la Monoaminoxidasa (IMAO). Y a los pacientes se les advertía que no debían comer varios alimentos, en especial aquellos ricos en tiramina como son embutidos, soja, vino tinto, quesos curados, etcétera, porque si lo hacían podrían, entre otras cosas, tener aumentos peligrosos de la tensión arterial, con consecuencias catastróficas. Y aunque a usted podría parecerle cómico, de manera metafórica le diremos que muchas religiones protestantes, funcionan como si fuesen medicamentos IMAO, porque tan pronto logran convertir a alguien, casi de inmediato le advierten: A partir de ahora no puedes (no dicen no debes, sino no puedes, para sentirse autoritarios), hacer esto, aquello, ni lo otro, logrando que esa persona sea más infeliz que antes, debido a que les hacen tener sentimientos de culpa, al creer que Yahvé es un Dios de fuego, castigador y malhumorado, que está pendiente del detalle más trivial para enviar fuego consumidor desde las alturas. Eso mismo era lo que creía el profeta Jonás, quien le pidió a Yahvé que enviase fuego que destruyese la ciudad de Nínive, un pueblo que sería para nosotros algo parecido a la ciudad de Juana Méndez, en territorio haitiano. Como Yahvé le dijo que no haría eso, entonces siendo Jonás un fanático religioso, como existen muchísimos en la actualidad, se llenó de ira y le dijo a Yahvé: “Así que, Yahvé, quítame la vida, pues prefiero morirme a estar vivo". (Jonás 4:3. Versión Biblia de Jerusalén latinoamericana) Veamos ahora lo que nos dice el más ilustre de todos los incrédulos. Nos referimos al gran filósofo y escritor Friedrich Nietzche, en su libro titulado ECCE HOMO: "Dios", "inmortalidad del alma", "redención", "más allá", todos esos son conceptos a los que no he dedicado ninguna atención, tampoco ningún tiempo, ni siquiera cuando era niño. El ateísmo yo no lo considero en absoluto como un resultado, menos aún como un acontecimiento; en mí se da por supuesto, instintivamente, soy demasiado curioso, demasiado problemático, demasiado altanero para que me agrade una respuesta burda. Dios es una respuesta burda, una indelicadeza contra nosotros los pensadores". Ese era su derecho y el de todos los que opinen igual, y eso debe ser respetado. Aprovecharemos para explicar que muchos creyentes sinceros suelen sentirse angustiados y hasta empequeñecidos, cuando figuras de gran renombre, ya sea por su capacidad intelectual o por su gran riqueza, expresan por diferentes medios sentirse muy orgullosos de su ateísmo. Y ante esos casos o cualquier otro parecido, es el mismísimo Jesucristo quien nos recomienda no angustiarnos, en una parábola contenida en Lucas 16:19-31. Esa es una parábola completamente metafórica de principio a fin. En ella, en esencia, una persona que se había sentido muy satisfecha de vivir de manera altanera -como acabamos de ver que admitía Nietzche- falleció y llegó al Hades= infierno, y se horroriza con aquello que ve, y le pide a Abraham que por favor envíe una persona que está ahí, conocida por sus familiares, para que estos al ver un resucitado, quedasen impactados emocionalmente, y dejasen a un lado su incredulidad, y se hiciesen creyentes. Abraham sin inmutarse le respondió de manera pausada "Allá tienen ellos, sacerdotes, diáconos, pastores y predicadores laicos (as), y otros, lo ideal es que les hagan caso". Y la persona de nuestro relato con gran angustia le respondió a Abraham: "No, padre Abraham, pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán". Y Jesucristo finaliza su brillante parábola metafórica, más o menos con las palabras siguientes: "Lo cierto es que sí desdeñan a los que tienen disponibles allá a su alcance, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos". Conclusión: No debemos angustiarnos porque personas prestantes y muy famosas hablen con inmensa satisfacción de su incredulidad, como lo hacía el eminente filósofo y escritor Friedrich Nietzche, sino que la conducta del creyente frente a esos casos debe ser parecida a la que se debería asumir ante una pareja celosa. Básicamente no afanarnos en tratar de darle pruebas con palabras sublimes, almibaradas y hermosas de que están equivocados (as), porque aunque eso podría parecer muy noble, racional y bonito, pero tan solo harían un efecto parecido al que ocurre con una persona psicótica, con un delirio por ejemplo paranoide, la cual cree que le quieren hacer daño de múltiples maneras, entre ellas, matarlo (a), y usted creyendo que ayuda, le dice: "Ya no te preocupes porque aquí estas seguro”. Eso solo genera lo que se denomina “expansión del delirio”, o sea, de inicio el paciente podría calmarse por breves minutos, pero sus palabras, aunque hayan sido bien intencionadas, únicamente logran la desgracia de confirmarle al paciente su delirio paranoide, con el peligro que eso conlleva. De igual manera, no creer que calmará a su pareja celosa diciéndole palabras almibarada. Lo correcto y adecuado es usted seguir demostrando la seguridad en usted mismo, y así, aunque su pareja celosa se mantenga disgustada y refunfuñando, se irá calmando y poco a poco dejará su "dramatismo de celos". De igual manera, el creyente ante los incrédulos altaneros no tiene que usar palabras melosas, sino tan solo demostrar con su conducta que es cierto que disfrutamos de la herencia de paz que nos dejó Jesucristo: "La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo". (Juan 14:27). El autor es psiquiatra y general retirado del Ejército